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La UMSA alberga un pedazo de la Luna y revive el aporte boliviano a la era Apolo
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La UMSA alberga un pedazo de la Luna y revive el aporte boliviano a la era Apolo

La Paz, 13 de abril de 2026 (DCOM-UMSA).- Mientras el mundo vuelve a mirar la Luna con el programa Artemis, la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) resguarda una prueba tangible de que Bolivia ya fue parte de esa historia: un fragmento de suelo lunar traído por astronautas del Apolo 17, una bandera del país que viajó con la misión y un aporte científico que contribuyó a la llegada del ser humano a la Luna.

En diciembre de 1972, la misión Apolo 17 llevó banderas de distintos países hasta la Luna. A su retorno, la NASA entregó a cada nación su bandera y un pequeño fragmento de suelo lunar, como recuerdo de ese hito. En Bolivia, este recuerdo llegó en 1973 y fueron recibidos por el entonces presidente Hugo Banzer, quien dispuso su entrega a la UMSA, institución que desde entonces los conserva como parte de su patrimonio científico.

“A cada país le dan su bandera que llegó a la Luna, más un pedacito de la Luna. Es muy pequeñito, pero el que tenemos se lo ve grande porque está encapsulado en un acrílico que, por su geometría, aumenta mucho el tamaño”, explicó Rubbert Muñoz, técnico del Observatorio Astronómico y el Planetario Max Schreier de la UMSA.

Por su parte, Mirko Raljevic, director de dicho Observatorio y Planetario de la carrera de Física, destacó el valor simbólico de este fragmento. “La Luna es el espacio para todos, tiene que ser un símbolo de paz. En ese compartir, todos tenemos que sentirnos parte de este esfuerzo”.

El aporte de Bolivia a la llegada a la Luna

Antes de que el ser humano pisara la Luna, Bolivia ya contribuía a ese desafío científico desde el Observatorio de Chacaltaya, ubicado a más de 5.000 metros sobre el nivel del mar. En 1967, por encargo del Servicio Geológico de Estados Unidos, se instaló un telescopio en este punto estratégico para observar regiones específicas del cielo relacionadas con los denominados puntos de Lagrange, zonas donde podía concentrarse material capaz de interferir con las trayectorias de las naves espaciales.

Durante siete meses, se realizaron registros fotográficos que permitieron descartar la presencia de elementos que representaran un riesgo para las misiones Apolo. “Se tomaron muchas imágenes que lograron demostrar que no había materiales que ponían en peligro el trayecto del Apolo. Es decir, Bolivia ayudó a través de la UMSA”, señaló Muñoz.

Actualmente, la UMSA continúa impulsando la investigación astronómica a través de sus observatorios y el Planetario Max Schreier, además de promover la divulgación científica mediante exposiciones abiertas al público, donde se exhiben instrumentos históricos, meteoritos y, en ocasiones especiales, el fragmento lunar.

Así, mientras la humanidad se prepara para volver a pisar la Luna, en La Paz, la UMSA recuerda que Bolivia ya formó parte de ese viaje y que su aporte científico sigue vigente en la exploración del universo. 

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